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Interludio delictivo

Durante nuestra última noche en San Pedro de Atacama una amiga nos llama para avisarnos que se entraron los ladrones a nuestro departamento y se robaron los portátiles. Después del impacto, el susto, la rabia, la tristeza, las horas en bus hasta Antofagasta, las horas de vuelo hasta Santiago, la revisión descorazonada y la dificultad para dormir vemos que también faltan el disco duro portátil, unas copias de seguridad en DVD, una radio, el cable USB de la cámara fotográfica y mis gafas nuevas. Sigue leyendo

El hombre de la casa

Y bueno, ya van dos meses desde que estoy instalado en Santiago, dos meses de convivencia con Marce, dos meses felices y dos meses de hacer labores caseras. Esto último es algo que muchos todavía dudan con humor. No es para menos. Es que del hotel mamá donde el almuercito estaba siempre listo, la ropa planchadita y la casa limpia pasé a compartir la cocinada, la aspirada, la lavada y la planchada. Sigue leyendo

Empresarios, no emprendedores

No importa que no haya podido viajar al Tercer Encuentro de Archivos Audiosuales de Colombia, que me haya perdido la presentación de Nelson, que no ayudara a Julián a grabar todo, que no me codeara con Elena de la Cuadra, que no viera la emoción del público, que el apellido de Nelson esté mal escrito en las memorias (por falta de claridad transformaron Quiceno en Ovicero) Sigue leyendo

Ya era hora

De cambiar las plantillas, de organizar todo, de reunir en un mismo lugar todas las bitas dispersas, de darme un respiro, de volver a escribir, de limpiar el disco duro, de botar papelitos, de comerme una Presto Clásica, de ver a mi señorita novia, de ver a mis amigos, de dormir unas cuantas horas, de tener un domingo libre, de hablar mal de Fito porque decepciona, de hablar bien de Spinetta porque es Spinetta, de oir la música de Andrés Correa, de caminar en la noche y de hacer cosas nuevas.

Autopista

Vivir en el carril izquierdo es emocionante y estresante. Lo sé porque vivo ahí. No hay un horario definido, no hay un trabajo fijo, no hay absoluta certeza de nada. Lo único que se siente es la necesidad de llegar allá.

Cuando parece que el pobre automóvil se quedará sin dar más porque la vía no permite acelerar, aparece ella. Amplia, de muchos carriles, llegando al horizonte que es el límite del ahora. Del más allá —mágico futuro— lo único cierto es que lo veremos en su momento. ¿Cuál carril izquierdo? Pura velocidad de carrito de feria. Sigue leyendo