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El hombre de la tienda de neumáticos

Publicado originalmente en Noticias de un espía en el bar como parte de un ejercicio donde Daniel L. Serrano (dueño de casa) escribió el comienzo y los demás propusimos finales alternativos.

Vaya, parecía que iba a ser un día tranquilo, pero hubo tantos clientes que se pasó el día vendiendo neumáticos. Sin embargo no era normal lo que estaba ocurriendo justo ahora que se iba a casa. Sólo había apagado las luces cuando entró aquel tipo alto con gabardina y sombrero como si de un circo de empleados de oficina de funcionarios hubiera salido. Lo curioso es que tenía una pierna humana en su mano derecha. Nunca antes había entrado un cliente con una pierna humana en su mano derecha. Sigue leyendo

De una noche

Publicado originalmente en www.elclavo.com.

Pedro abre los ojos. El techo es blanco. Mira a su izquierda, a su derecha. Reconoce su mesa de noche y la puerta cerrada que da al corredor. Oye ruido de cacerolas contra fogones. Cierra los ojos intentando recordar. Ve una discoteca llena de humo, luces azules, una barra atiborrada de gente y vasos llenos. Se termina su pequeño coctel oscuro y una voz le dice algo. Sigue leyendo

Tercer poste desde la esquina

Su pelo crespo se enredaba siempre cuando dormía. Cepillarse era un martirio al que se sometía porque prefería el pelo-baba, pero nunca lograba que quedara tan liso como quería porque se le hacía tarde. Con el primer golpe del aire matutino, algún mechón terminaba rodeando su oreja, sigoloso y burlón. Intentaba acomodarlo pero sus manos eran incapaces de ganar esa batalla y se rendían buscando en el bolso el dinero para el bus. Nueva lucha, ganada en el último momento, cuando los ataques de todos los chécheres se detenían por un instante y ella sacaba triunfal las monedas justas para pagar. El conductor de turno las recibía, esperaba que ella diera la vuelta y, sonriente, le miraba el culo. Fuera de concurso era ese culo, redondito, durito, cubierto de esa pelusa que los ilusos veían entre la blusa y el pantalón, y los más afortunados habían palpado. Sonriendo, el conductor no imaginaba la suave sensación en sus dedos. Ella nunca se da cuenta y siempre se sienta al lado derecho, para ver la ciudad que huye, intentando descubrir el patrón que le explicará todo lo que quiere saber. Sigue leyendo

Esquemáticos, anacrónicos y layouts

Para Liliana y Neil, que no se conocen, pero se caerían muy bien.

Dicen que Buenos Aires es chata y cuadrada. No tiene subidas ni bajadas y cada cuadra mide exactamente cien metros. Aburrida y predecible me pareció intuir. Más allá de confiar en mi fuente, no puedo dar fe de esta información porque conozco pocas ciudades y Baires no está entre ellas. Las que sí conozco no son chatas ni cuadradas ni extranjeras. Todas colombianas, todas con pendientes muy empinadas, todas con árboles, todas sucias, todas impredecibles. Dar la vuelta en una esquina puede significar encontrar esa calleja perdida de la que sólo hablan algunos poetas menores y muertos. Toca aprovechar el momento porque una vez salgamos al plano habitual de la ciudad, perderemos la ruta. Dicen que las ciudades están vivas pero que duermen. Si eso es cierto, esos recovecos que encontramos de vez en cuando son fragmentos de sueño que desaparecen cuando ellas se mueven en la cama. Sigue leyendo

Breve carta (genérica) para una (mala) despedida

Lo mejor de vos es el vacío que dejas cuando te vas. Es un espacio donde todo es posible, donde la esperanza es reina y donde empieza el tiempo. Allí, en ese vacío, está ese futuro maravilloso que no te contiene. Allí también está ese pasado donde tu recuerdo permanecerá encerrado a merced de mis caprichos. Que regalo me dejas y que regalo recibo. El agradecimiento que no te mereces se lo dejo al Universo, a Dios o a tu símbolo favorito de la divinidad. Conociéndote, imagino que tendrá boca de lobo y ojos de serpiente, por no hablar de la lengua meliflua de Lucifer.