Archivo de la etiqueta: cine

Pelo de rata, pizca de albahaca

Publicado originalmente en Kinephilos.

Hace unos días preparé fríjoles. Era la tercera vez que lo hacía y me dejé llevar un poco. Calentar, cortar, agregar, oler, agarrar una pizca de polvos mágicos, agregar, oler, revolver, revolver, revolver, oler, esperar, caminar, alejarse, oler, dar la vuelta, acercarse, oler, decidir, revolver y apagar. Cocinar puede hacerse en solitario pero nunca será una labor solitaria. No sólo me acompañan los ingredientes, sino los recuerdos de otros platos, otras cocinas, otros cocineros, recuerdos propios y ajenos. Sigue leyendo

La dama en el agua (primera parte)

Publicado originalmente en Kinephilos.

Hace unos días escribí que salir de la sala de cine y tener que llevar una película a cuestas es lo mejor que me puede pasar. Como el Universo tiene su dosis de humor negro, dos días después mi espalda se doblaba bajo el peso de La Dama en el Agua, la más reciente película de M. Night Shyamalan. Por encima es un sencillo cuento de hadas sobre ninfas acuáticas pérdidas en un mundo extraño. Por debajo es una historia que nos pregunta para qué en lugar de por qué. Sigue leyendo

Soñar no cuesta nada

Publicado originalmente en Kinephilos.

Más que de la película, que me gustó por razones que expondré brevemente, quiero referirme al contrapunto ofrecido por el público que me acompañaba en la sala de cine. No me refiero a la típica charla mientras se exhibe el corto colombiano de rigor, a que mastiquen con la boca abierta, a que suene el inevitable celular ni a escuchar comentarios anodinos en tono de sapiencia. A estas alturas ya estoy acostumbrado a todo eso y no me causa mayor molestia ya que mi neurosis ha disminuido notablemente. Es otra cosa, que me parece triste, de la que apenas fui conciente gracias a lo que ocurría en la pantalla y la reacción del respetable en sus butacas. Sigue leyendo

V for Vendetta

Publicado originalmente en Kinephilos.

Simple como la sonrisa fija del asesino mientras seduce a la Muerte y la induce a operar bajo su mando. Tan simple como la sonrisa fija de aquel que ha perdido los ojos y ve la realidad sin el velo que la cubre. Así es esta película en la que no pasa nada y pasa todo. Nada porque la historia original se diluye en un discurso bastante maniqueo. Todo porque el mensaje es válido y necesario en estos momentos. ¿Qué nos importa si por enviar un buen mensaje se simplifica el cuento? Importa que llegará a más gente y que más personas lo entenderán. Cierto, se pierde la mayor parte de la confusa y fructífera reflexión inspirada por el cómic —fuente de la película— pero la crítica contra el gobierno de los Estados Unidos es clara, directa y amena. El fin se ha alcanzado, los medios no han importado, la película ha funcionado. La historia misma de su producción refleja la otra, esa que sobrevive entre líneas —debería decir entre cuadros— y que percibimos cuando cerramos los ojos para abrirlos nuevamente después de ponernos la máscara del terrorista/salvador que ve más allá de lo evidente. Sigue leyendo