Nocturno: de la locura amaestrada y sus beneficios

Publicado originalmente en www.elclavo.com.

No hay Mesa Redonda que valga. Tampoco espada mágica, reino o princesa. Para ser un gran caballero sólo se necesita estar loco, bien loco. Para ser el mejor, se necesita trabajar de noche, amparado en la oscuridad que magnifica los sonidos y oculta los actos heroicos. El traje de murciélago es opcional, lo importante es inspirar miedo. Porque los héroes de verdad inspiran miedo a cualquiera. Terror de que sean nuestros enemigos, temor de siempre ser menos que ellos.

En el primer caso, nada qué hacer. Tú, villano, refórmate o atente a las consecuencias. En el caso particular de nuestro caballero nocturno, por lo menos te ganarás una costilla rota. Eso sí, serás tratado con justicia. En el segundo caso también hay dos opciones. Tú, persona del montón, sigue siendo un pusilánime o intenta mejorar. En el caso que tratamos, además de una férrea voluntad necesitarás estar loco, bien loco. La tragedia familiar y el dinero son opcionales, aunque ayudan bastante.

Ahora, la locura como tal no es suficiente. En este mundo sobran locos pero pocos pueden ser llamados buenos. Héroes, ni hablar. Más bien tirando a villanos. ¿Qué hace falta entonces? Sencillo. El desquicie debe ser amaestrado, cabalgado, ordeñado. De él debe surgir la creatividad, la recursividad, la fuerza y la alegría. Erasmo de Rotterdam hizo su Elogio hace siglos pero sigue siendo válido. La locura, bien llevada, es fuente de maravillas. Si no es así, ¿cómo explicar que un tipo al que le mataron los papás frente a sus ojos, millonario, solterón empedernido y que se disfraza de murciélago, sea un atleta consumado con una mente prodigiosa y habilidades de artesano experto? ¿Cómo explicar, además, que se empeñe en mejorar el mundo cuando es obvio que el mundo fue y será un porquería? Porque la locura de este hombre ?al que llamaremos Bruno para proteger su identidad? fluye veloz a través de un lecho forjado con dolor, buenas intenciones, voluntad y amor por los demás.

Bruno, habitante de una ficción, se pierde en sus pesadillas. Allí se encuentra. Eso lo enloquece porque toma plena conciencia del bien más sublime y del mal más aterrador del que es capaz. Si se hubiera quedado allí no sería un héroe ni un ídolo. Sería un loco de mierda, fanático, que va por ahí llevándose por delante a todo el mundo. Pero no se quedó en la simple locura. La agarró, la doblegó, la volvió parte de sí mismo, porque esa locura era él mismo ?esa locura somos nosotros mismos? y se levantó triunfal sobre ella, con ella y por ella. La luz se hizo para su ser y se convirtió en un ser nocturno. La oscuridad de sus pesadillas lo envuelve y de esta forma es claro para nosotros lo que él representa. Un caballero sin espada mágica, sin reino o princesa. Un caballero fiel a sí mismo, a sus principios, a su locura. Un ser humano que lucha por ser y hacer mejor cada momento. Un murciélago que vive en las cuevas de nuestro inconsciente y sale batiendo sus alas para recordarnos que es el momento de enloquecer.