Soñar no cuesta nada

Publicado originalmente en Kinephilos.

Más que de la película, que me gustó por razones que expondré brevemente, quiero referirme al contrapunto ofrecido por el público que me acompañaba en la sala de cine. No me refiero a la típica charla mientras se exhibe el corto colombiano de rigor, a que mastiquen con la boca abierta, a que suene el inevitable celular ni a escuchar comentarios anodinos en tono de sapiencia. A estas alturas ya estoy acostumbrado a todo eso y no me causa mayor molestia ya que mi neurosis ha disminuido notablemente. Es otra cosa, que me parece triste, de la que apenas fui conciente gracias a lo que ocurría en la pantalla y la reacción del respetable en sus butacas. Pero primero la película. Se llama Soñar no cuesta nada, está dirigida por Rodrigo Triana y los actores son en su mayoría jóvenes que se han ido estableciendo a través de la televisión. Están acompañados por actores de más trayectoria entre los que destacan Marlon Moreno y Juan Sebastián Aragón, quienes ya habían trabajado juntos en El Rey. La producción estuvo a cargo de Clara María Ochoa y el guión es de Jorg Hiller.

Un vallenato acompaña los títulos. Estamos en el campo colombiano, acompañando un bus intermunicipal que transporta a una madre joven con su hija pequeña. Se nota su inquietud. Conociendo de antemano la situación del país y los hechos reales en los que se basa la película, es fácil imaginar que el bus será detenido por un retén guerrillero y que sus pasajeros terminarán en el olvido. Sin embargo, el vallenato termina, el bus llega a su destino —un pueblo anónimo y colombiano que es todos los pueblos— y la madre nerviosa consigue transporte para una vereda perdida donde es mejor no ir porque allá está lleno de “guerrilleros y paramilitares, como para escoger”. Ella no ofrece explicación alguna y entrega el poco dinero que le queda para que la dejen a veinte kilómetros del lugar. En el trayecto, lee una carta de su esposo, soldado combatiente en el monte, quien entregó todos sus ahorros a cambio de un pedazo de tierra inexistente.

Aquí la escena cambia y un grupo de hombres con la cabeza rapada juntan el poco dinero que tienen para comprar cerveza y lamentarse porque no tiene ni para “oler una teta”. Así, en menos de diez minutos, los temas de la historia son puestos frente al espectador. Sacrificio, pobreza, violencia, honradez y dinero se juntarán, bailarán y crecerán durante el resto de la proyección. Los hombres son soldados que están de permiso, en una whiskería —término bogotano para burdel— donde trabaja el amor platónico de Perlaza, uno de ellos. Los demás se burlan pero igual lo apoyan cuando se arma la pelea porque es uno de ellos, un hermano de armas, un lanza. A partir de este momento la historia fluye bien y está contada de forma sencilla, sin adornos, ni moralejas obvias, mezclando toques de humor con el drama. Mérito del guión es que a través de los personajes se muestran las diferentes posiciones frente al suceso en el que se basa todo: la apropiación, en el 2003, de millones de dólares de la guerrilla por un batallón que trajinaba en la selva.

La producción es muy buena. No sufre de los típicos problemas de calidad en imagen y sonido; se nota el esmero que se puso en los detalles, en el entrenamiento de los actores como soldados; tiene una fotografía luminosa y una banda sonora que acompaña sin interferir. Las tomas en la selva son hermosas por el verde que invade la pantalla pero mi preferida es roja: Perlaza, después de una noche con su puta, duerme en la cama de sábanas rojas, con sus calzoncillos rojos, en el cuarto de paredes rojas reflejado en un espejo que ostenta un letrero escrito con lápiz labial, obviamente, rojo. En ese entorno el soldado duerme plácidamente, una sonrisa en su rostro, ignorante —por decisión o por estupidez— de que está en un altar de violencia. Él, acostumbrado a las balas, parece haber olvidado que hay otras formas de morir y seguir vivo.

Hoy muchos están en prisión, huyendo o muertos. La sociedad colombiana se dividió frente a la decisión de la justicia militar. Unos abogaban por el perdón, otros el respeto a la institución, pero la mayoría concordaba en que los soldados no estaban preparados para la situación a la que se enfrentaron. Por educación, por pobreza, por ambición, por el facilismo que nos aqueja. La película hace patente la locura que se apodera de todos gracias al humor que corre a través del guión. Pero un sabor amargo matiza todo y le da la posibilidad de poner en perspectiva todo el asunto. Aquí entra el contrapunto que mencioné, contrapunto entre las situaciones de la película y la risa del público. Suave en los momentos que plenamente humorísticos, aumentaba y se contagiaba en aquellos donde la gracia del chiste servía de contraste para el conflicto. Por ejemplo: un soldado que ha cambiado dólares por pesos a una tasa exagerada —con el propósito de aprovecharse de sus compañeros— cae extenuado por la larga marcha y por el peso exagerado de su mochila. Allí la sala estalla en carcajadas, las personas comentan lo gracioso que es pero pasa inadvertido que el soldado ya empezó a pagar por su actitud, que esa caída no es un chiste más sino un símbolo de la caída que pronto sería comunal y descomunal.

Lo que me entristece es que esa caída también es símbolo de la caída de nuestra sensibilidad. Temo que a fuerza de tomar las cosas con humor —actitud que me parece bastante sana— hayamos cruzado un límite y ahora no podamos sentir ni percibir la realidad que se esconde detrás. La pantalla termina siendo espejo fiel de las personas que estamos sentadas contemplándola. Nosotros, allí absortos, no nos percatamos de ello. Al fin y al cabo, pensará la mayoría, sólo es una película.

  • luis

    exelente comentario,, me gustaria saber como es el nombre el vallenato o de la cancion con la que inicia el film llevo mucho tiempo buscandola

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    No tengo el DVD a mano pero creo que es “Soñar no cuesta nada” de Cabas.

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    Estoy totalmente de acuerdo con tu observacion final. La gente no sabe tomarse las cosas con una dosis salutar de humor, se toman todo en serio y se ofenden con todo. así, vamos a enviejecer todos precocemente!