Autopista

Vivir en el carril izquierdo es emocionante y estresante. Lo sé porque vivo ahí. No hay un horario definido, no hay un trabajo fijo, no hay absoluta certeza de nada. Lo único que se siente es la necesidad de llegar allá.

Cuando parece que el pobre automóvil se quedará sin dar más porque la vía no permite acelerar, aparece ella. Amplia, de muchos carriles, llegando al horizonte que es el límite del ahora. Del más allá —mágico futuro— lo único cierto es que lo veremos en su momento. ¿Cuál carril izquierdo? Pura velocidad de carrito de feria.

Ahora hay horario definido —al menos en el papel— y trabajo fijo. La certeza absoluta, lo que se dice absoluta, sigue sin aparecer. Lo que surge de la nueva forma de correr es una certeza de la velocidad como tal, de que la meta termina por no importar porque la meta muta toda el tiempo. Correr en el camino para disfrutarlo al máximo, porque la carrera en la autopista ya no es cuestión de llegar primero sino de saber llegar.

Avanzando por aquí todo pasa tan rápido que se detiene. Los accidentes del presente se borran y permiten ver lo que hay detrás, el Caos que permanece, el punto de fuga, la montaña eterna y su adoratriz planicie. Todas las tareas, todos los trabajos, todos los horarios, todas las personas, todas las líneas, todos los carriles, todos los automóviles, todas las familias, todas las metáforas, todos los ríos, todos los amores, todos los odios, todos los acordes, todos los párrafos, todos los amigos, todos los hermanos, todas las figuras, todos confluyen en ese allá/acá que es regalo de la velocidad.

La carrera de la Reina Roja. Correr lo más rápido posible para quedarse en el mismo lugar. No es estancamiento, es vivir tan intensamente todo que se perciba todo el ahora. No hay pasado ni hay futuro, sólo ideas de ambos en el instante presente. La velocidad que da la intensidad de la vida trae paz y sosiego, paradójico asunto que fluye de la No Dualidad del Caos Generador.

Definitivamente, los caminos de la vida no son como yo pensaba, como los imaginaba.

  • http://www.blogger.com/profile/11942874 Andrea Estrada Gutiérrez

    La verdad es que a mi me encanta andar en la autopista, acelerando tal como los otros carros aceleran o simplemente esquivando los que me estorban…
    Ahora estoy acelerada, pero como el mi presente puedo hacer pausas valiosas, ahora me detengo a leer y reflexionar sobre mis actos.

  • http://www.blogger.com/profile/17466853 hildebrando

    muy buen final……..me trajo a la mente los momentos de parranda con aguardiente en ESCALONA

  • http://www.blogger.com/profile/21252272 MAREÑA

    Después de tres horas haciendo fila en la telefónica, de no lograr el objetivo deseado porque me faltaban papeles, después de caminar y caminar llegué a galería Alameda, empecé a sentir los olores más agradables, contrario al recuerdo que guardo en mi mente sobre las plazas de mercado, olía a maracuyá, a piña, a cilantro, a guayaba manzana y mi alma se llenó de una alegría, estaba de fiesta con esos olores, disfruté cada paso que daba y concuerdo contigo en: es vivir tan intensamente todo que se perciba todo el ahora.

  • http://www.blogger.com/profile/17036846 Liliana

    La “velocidad” y el “ahora” son compatibles, y lo son tanto, que la primera le imprime emoción al segundo. Ese gustico a vértigo es único. Si además, puedes disfrutarlo ya, en este momento, puede ser delicioso.

  • http://www.blogger.com/profile/11811899 Daniel

    Pues qué decir cuando la autopista pasa por enfrente ?

    Acelerar y sentir la velocidad.

    No olvidar mirar a los otros carriles, depronto aparece algo interesante por ahí

  • Tita

    “Cuando se tenga afán… es bueno correr despacio”.

    Disfrutando todo el acelere, para no perder detalle y teniendo la calma para gozar de lo pasado, vibrando con el presente.

    Deliciosa sensación de pasado y futuro mezclados en el presente. Todos en uno, confundidos pero claros.

  • http://www.blogger.com/profile/23673788 Te odio por…

    hola, visitame