Archivos de la categoría el hueco

Navidad azul

Publicado originalmente en www.elclavo.com.

La época es propicia para suicidarse, dicen los que saben. Muchos estarán de acuerdo y rematarán con un silencioso “no es para menos”. Los demás con sonrisas cortadas a través de sus caras, brincando y bailando sin mucho pe(n)sar, celebrando el fin de un año regular y el inicio de uno mejor. Algunos intuyen que no será así, pero el alcohol, la pólvora, la música, la alegría, el color y la comida los convencerán de que se puede estar mejor. Los que callados se encierran en sí mismos mientras pasa la marea navideña, saben que el próximo año, como mucho, puede ser igual al anterior. También saben que eso sería demasiado optimista de su parte. Sigue leyendo

Nocturno: de la locura amaestrada y sus beneficios

Publicado originalmente en www.elclavo.com.

No hay Mesa Redonda que valga. Tampoco espada mágica, reino o princesa. Para ser un gran caballero sólo se necesita estar loco, bien loco. Para ser el mejor, se necesita trabajar de noche, amparado en la oscuridad que magnifica los sonidos y oculta los actos heroicos. El traje de murciélago es opcional, lo importante es inspirar miedo. Porque los héroes de verdad inspiran miedo a cualquiera. Terror de que sean nuestros enemigos, temor de siempre ser menos que ellos. Sigue leyendo

Desconexiones

La sangre de la pared,
tu cuerpo, sólo eso en el parqué.
Que estúpida tu al volver,
que estúpido matar,
que estúpido saltar,
que estúpido final.
“Estúpido”, Andrés Correa

Pido perdón a Andrés por usar su canción para esto pero acabo de leer una noticia llena de estupidez y sonó y sonó en mi cabeza. Resumo el cuento: un alemán salió con su esposa en un Mercedes dotado de navegación por GPS Sigue leyendo

Hablan tanto

Gracias a STiRER por escribir sobre una campaña en línea de Amnistía Internacional que pretende darle voz a aquellos sitios que han sido censurados por gobiernos alrededor del mundo. La campaña se llama IRREPRESIBLE.INFO y pretende que muchos nos unamos para darle un espacio a la información que se oculta, para que no la puedan reprimir ni controlar.

Quienes quieran participar pueden hacerlo escribiendo algo en sus bitas, firmando el compromiso en línea, o cediendo un espacio dentro de su página para que la información censurada aparezca. Así nos dirán: hablan tanto que si les tapan la boca, les salen letreros.

Esquemáticos, anacrónicos y layouts

Para Liliana y Neil, que no se conocen, pero se caerían muy bien.

Dicen que Buenos Aires es chata y cuadrada. No tiene subidas ni bajadas y cada cuadra mide exactamente cien metros. Aburrida y predecible me pareció intuir. Más allá de confiar en mi fuente, no puedo dar fe de esta información porque conozco pocas ciudades y Baires no está entre ellas. Las que sí conozco no son chatas ni cuadradas ni extranjeras. Todas colombianas, todas con pendientes muy empinadas, todas con árboles, todas sucias, todas impredecibles. Dar la vuelta en una esquina puede significar encontrar esa calleja perdida de la que sólo hablan algunos poetas menores y muertos. Toca aprovechar el momento porque una vez salgamos al plano habitual de la ciudad, perderemos la ruta. Dicen que las ciudades están vivas pero que duermen. Si eso es cierto, esos recovecos que encontramos de vez en cuando son fragmentos de sueño que desaparecen cuando ellas se mueven en la cama. Sigue leyendo

La Partida de Bon Ice

Hace un tiempo empezó una campaña publicitaria que anunciaba la partida de Bon Ice, ese aparecido lleno de ínfulas y magro sustituto del Sandy aquel que abría con mis dientes y ensuciaba mis entrañas de pelado. Entonces deseé que el Universo realmente hubiera mandado al olvido a la bolsita esa. Racionalmente sabía que era una campaña de expectativa y que mis deseos surgidos del pasado y de la anéctoda de un amigo de un amigo —con tintes de leyenda urbana pero bastante cierta— no se verían cumplidos. Ayer vi por fin el resultado del despliegue publicitario y como siempre, el Universo se encargó de burlarse. Sigue leyendo

Autopista

Vivir en el carril izquierdo es emocionante y estresante. Lo sé porque vivo ahí. No hay un horario definido, no hay un trabajo fijo, no hay absoluta certeza de nada. Lo único que se siente es la necesidad de llegar allá.

Cuando parece que el pobre automóvil se quedará sin dar más porque la vía no permite acelerar, aparece ella. Amplia, de muchos carriles, llegando al horizonte que es el límite del ahora. Del más allá —mágico futuro— lo único cierto es que lo veremos en su momento. ¿Cuál carril izquierdo? Pura velocidad de carrito de feria. Sigue leyendo