Ingenieros.
Tradicionalmente vistos como seres cuadrados, mecánicos, inteligentes pero aburridos. Nada más lejos de la verdad. Los hay, es cierto, pero esa imagen deja por fuera una característica muy importante que nos define y que nos hace crecer. Nuestra flexibilidad, nuestra capacidad para ver más allá, para contemplar el panorama desde arriba y desde abajo, en lo grande y lo pequeño.
También se les olvida nuestra humildad.
Tal vez sea poca la que tenemos, pero la usamos sabiamente. Por otro lado nuestra prepotencia —siempre presente, negarlo sería hipócrita— nos sostiene en esos momentos sin salida o solución. Gracias a ella creemos en nosotros mismos y gracias a ella salimos adelante.
Ahora nos metemos en otras lides.
Lides lejanas —aparentemente— del ámbito mecánico en que hemos estado circunscritos. Algunos nos hemos metido en terrenos humanistas, haciendo labor de zapa. ¿Por qué? La respuesta es sencilla y de acuerdo con nuestra naturaleza: creemos que todo puede ser mejorado. Bien sea por nosotros o con nosotros.
Poseemos las herramientas.
Esa capacidad de abstracción que nos da la matemática —Mozart y Pink Floyd en signos fluidos— nos ayuda a comprender las cosas desde muchos los ángulos. No pretendemos sustituir a los expertos, pretendemos trabajar con ellos. Nuestro aporte es simple y poderoso.
Somos humanos.
Pertenecemos a la misma cofradía universal. No somos máquinas, ni mostruos de fría lógica. Somos soñadores. Somos constructores. Somos ingenieros humanistas, esos que ven cine y además de pensar en las leyes de la refracción piensan en la fotografía, los diálogos, las emociones; que leen un libro y van más allá de las rotativas para adentrarse en el juego de palabras, en el ritmo; que escuchan música y con Pitágoras se emocionan por la escalas simples que producen infinitas variaciones.
Ingenieros.
A los cuadrados que quedan les digo: seremos bichos raros por siempre. Aprovechemos. Este manifiesto es una invitación a unir lo mejor de muchos mundos, a trascender la cuadrícula y navegar por fluidos turbulentos.
Humanistas.
A ustedes les digo: no queremos que nos acojan es su seno, aunque algunos dirán que eso depende del seno. Aprovecharnos unos de otros, de nuestras habilidades. Las paralelas deben cruzarse y en ese punto, crear.
Ingenieros Humanistas, este es nuestro primer llamado.