Entre las ruinas famosas hay una que ocupa un lugar extraño en los anales de la Historia. Enclavada en la selva centroamericana, no está relacionada con los mayas o los aztecas o ningún otro pueblo conocido de la zona. Su nombre no es el suyo sino aquel con el que fue conocida antaño por sus vecinos. Su historia fue construida a partir de referencias. Se creía leyenda hasta que un satélite la encontró.
La primera imagen de la Ciudad Perdida de Ixat mostraba un mandala con el centro borroso. Según la explicación de los técnicos que reportaron el descubrimiento, esto se debía a que la estructura se hundía en el centro. Para tener una imagen más precisa, indicaron, hay que tomar fotografías desde un avión. Después del habitual feudo académico, el avión fue, registró y volvió. El resultado: más que un mandala, un laberinto de corredores, cámaras y grandes espacios conectados (aparentemente) al azar que ocupaban un anillo externo. Dentro de éste, un círculo en forma de cuenco, sin paredes, sin estructuras habitables, en cuyo centro había un pozo.
Antes de la primera expedición, apareció una nueva edición de Ixat y el Gran Círculo del Mundo. El libro, fruto del trabajo de un historiador sueco, era considerado la versión definitiva de la historia de los Ixat. Había sido escrito a principios del siglo XX y se mantenía vigente gracias a la interpretación imaginativa que Sven Kabbinsen había hecho de las escasas referencias contenidas en historias aztecas, mayas, olmecas y toltecas. Su acierto más sorprendente era la descripción de la Ciudad Perdida:
“En algunos lugares de la selva hay estructuras de piedra con forma circular, que llamaríamos torres si fueran más altas que un hombre, pero no es así. Su base es un círculo de tres metros de diámetro y ocultan una escalera que baja a las profundidades. La mitad superior de las paredes internas es un bajorrelieve continuo que muestra un laberinto. La mitad inferior está pulida. En el techo, justo donde termina el bajorrelieve, hay orificios que permiten pasar la luz. Están dispuestos de forma irregular a lo largo de perímetro e iluminan algunas zonas del laberinto.
Según relatos locales, estas estructuras son al tiempo puntos de entrada a la Ciudad de los Ixat, también conocida como el Gran Círculo del Mundo, y representaciones fieles de la misma. Después de meditar largo tiempo sobre esto, he llegado a la conclusión de que la Ciudad de los Ixat es subterránea y está contenida en un círculo. En su periferia están las estructuras mencionadas anteriormente y que funcionan como puntos de entrada y salida. Asumiendo que estas estructuras efectivamente representan la Ciudad, entonces al bajar las escaleras nos encontraremos con una serie de corredores y cuartos que conforman un laberinto. Después de este laberinto hay una gran zona circular que debe ser usada como sitio de ceremonias. El propósito del laberinto ocultando la zona ceremonial puede indicar que no todos son dignos de participar en la ceremonia, aunque esto es especulación de parte mía y no está sustentado en ninguna referencia.”
Sobra decir que Kabbinsen tenía razón. La primera expedición encontró algunas estructuras de entrada aún en pie. Algunas, incluso, tenían la escalera despejada. Los primeros viajes al interior del laberinto fueron fructíferos. Las paredes de algunas cámaras estaban cubiertas de jeroglíficos y en algunos lugares el mismo texto estaba repetido en diversas escrituras. Comparando las conocidas con las desconocidas, el equipo descubrió que la especulación de Kabbinsen era parcialmente correcta:
“Entra por la Puerta de la Muerte y baja por la Escalera de la Mujer. Estarás en el Círculo del Mundo. Sigue tu camino observando las señales, evitando los peligros. De los peligros, el peor es la distracción. El camino es obvio si lo sientes. Después, si logras dejar el Círculo del Mundo, podrás atravesar el Muro de la Percepción. Aquí alcanzarás la Iluminación.”
La Ciudad Perdida de Ixat fue catalogada como un gran mausoleo donde el lugar de sepultura correspondía con el nivel social del muerto. Por eso había restos en algunas cámaras y así se explicaba la presencia del pozo en el centro de lo que fue llamado el Círculo de la Iluminación.
Pasaron años antes de que esta explicación fuera revisada. El historiador mexicano Roberto Tlaloc García, a quien tuve el placer de llamar amigo, se internó en las ruinas durante un año. Excavando, avanzando, retrocediendo, interpretando, leyendo, sufriendo. Al salir era una sombra de si mismo. Demacrado, enfermo, mal alimentado. Lo único que había cambiado para bien era su mirada. Clara y sin confusiones. No olvido la primera visita que me hizo al volver de la Ciudad Perdida. Suena el timbre, abro la puerta y allí está un hombre delgado, mal afeitado, vestido con pantalón y camisa de lino negro, cargando un bolso de cuero mal curtido color café. Abre la boca y pregunta si ya no lo reconozco. No lo hice hasta que me abrazó y sentí su típico olor a cigarrillo mojado.
Toda la noche estuve alimentando al fantasma de Roberto mientras el me regalaba el relato de su travesía por la Ciudad Perdida. Estaba tan absorto en seguir sus palabras que olvidé tomar notas. Los fragmentos que reproduzco a continuación vienen de mi memoria:
“La primera vez que bajé al Círculo del Mundo casi me pierdo. Un poco de la luz que llegaba a la entrada alcanzaba a iluminar un gran cuarto de forma pentagonal con dos salidas en cada pared. Estaba tan emocionado que no tuve en cuenta este detalle. Me interné por uno de los corredores, ya no recuerdo cual, y la oscuridad me envolvió. Antes de encender la linterna, avancé a tientas por un momento. No era un sitio silencioso, de todas partes llegaba un murmullo. Tú sabes que yo no creo en fantasmas ni esas cosas pero me asusté. Encendí la linterna. Ahí me asusté más. Estaba mirando una pared y el corredor se extendía hacia mis lados. Eso estaba mal. Yo no recordaba haber girado sobre mi mismo así que no sabía de qué lado venía. Para calmarme me puse a estudiar las paredes. Una estaba cubierta por jeroglíficos, la otra tenía dibujos de personas caminando en todas direcciones. Cada persona llevaba algo en la mano, pero el desgaste de la roca no permitía distinguir qué era. Seguí observando las paredes por varios minutos hasta que recordé que al entrar al corredor, la pared con jeroglíficos estaba a mi derecha. Me devolví. Afortunadamente la posición era constante y logré volver a la entrada. Durante el camino, noté algo que resulto importante después. A medida que entras a la Ciudad, los caminos bajan, pero de eso te hablo luego. Cuando volví al cuarto pentagonal, no recordaba cual era la salida así que tuve que probar con todos los corredores hasta dar con el correcto. Pensarás que fui un tonto y tienes razón. Algo me pasó cuando bajé los escalones. No parecía yo mismo…
…¿preguntas por las Puertas de la Muerte?, te contaré sobre ellas. Sé que has leído la descripción de Kabbinsen y es bastante acertada. Lo que Kabbinsen nunca supo y yo tardé un buen tiempo en descubrir es que el bajorrelieve es un mapa fiel del Círculo del Mundo. Además, hay una marca en uno de los orificios del techo y el orificio marcado es diferente en cada Puerta. Cuando los antiguos relatos dicen que las Puertas son representaciones de la Ciudad tienen razón. Cada Puerta es un mapa que muestra el Círculo del Mundo, el Muro de la Percepción, la Iluminación y el Pozo que yace en el centro de ella…
…no es nombrado en ninguna parte así que yo lo bauticé el Pozo del Más Allá. ¿Por qué del Más Allá? Simple. Siguiendo con los paralelos entre las Puertas de la Muerte y la Ciudad vemos que el Pozo está representado por la Escalera de la Mujer. Si vemos que esta escalera nos conduce al Círculo del Mundo, es fácil suponer que representa el acto del nacimiento. Así, el Pozo es una transición hacia el Más Allá. Afortunadamente, tengo evidencias que apoyan esta interpretación.”
De verdad las tenía. Las publicó en tres volúmenes bajo el sencillo título Ixat. La comunidad científica se volcó sobre sus palabras y sus ideas. Mucho debate después, se acepto que la Ciudad de los Ixat no era un mausoleo sino un lugar ceremonial donde iban los ancianos a terminar sus días buscando la Iluminación. Roberto, en su libro, lo explica mejor:
“Un anciano Ixat no es un anciano moderno. El concepto de anciano para los Ixat dependía más de la sabiduría que de la edad. Había ancianos de quince años. Había viejos de cincuenta que murieron fuera de la Ciudad, es decir, nunca llegaron a ancianos. Para los Ixat, la Ciudad era el lugar de transición hacia la Iluminación y como tal, solo podía ser visitado por aquellos que alcanzaran cierto nivel de sabiduría. Estos eran los ancianos…
…así como se llega a este mundo a través de una mujer y desde una vida anterior, el paso al Círculo del Mundo se realiza a través de la Puerta de la Muerte y el descenso por la Escalera de la Mujer. En este punto, el anciano se encontraba solo frente al gran laberinto que es el mundo. Caminos, corredores, cuartos y salones comunicados de muchas formas, con vueltas atrás y un solo camino hacia la Iluminación…
…el consejo escrito en las paredes es sabio: el camino es obvio si lo sientes. Para llegar al Muro de la Percepción, tras el cual está la Iluminación, basta con sentir el camino que baja. Toda la Ciudad tiene forma de cuenco y en su centro, su parte más baja, está la Iluminación. Dependiendo del punto de entrada, el camino puede ser corto o largo. Así, la Ciudad modela las diversas posibilidades de nacimiento del hombre en el mundo y sus posibles modos de vida…
…originalmente el Muro de la Percepción era de doble vía. Después, los Ixat decidieron que era una representación incorrecta y crearon las puertas que pueden ser abiertas desde el Círculo del Mundo pero no desde la Iluminación. De esta forma, se aseguraban del aislamiento de aquel que llega al final del camino.”
El único punto donde la academia y Roberto nunca se pusieron de acuerdo fue en el papel del Pozo del Más Allá. Según mi amigo, así como la condición de anciano debía ser ganada con sabiduría, la llegada a la Iluminación debía ser ganada, además, con trabajo. Vagar por el Círculo del Mundo no es fácil, perder la ruta lo es. Los restos humanos en corredores y cuartos lo atestiguan así. Los académicos, siguiendo la corriente de pensamiento del momento, decidieron que todos tenían derecho a la Iluminación y que todos podían ser Iluminados. Confundiendo el derecho (que es potencia) con el hecho (que es acción), argumentaron que todos los Ixat terminaban su vida como Iluminados y que el Pozo del Más Allá era el lugar de reposo final para ellos. Los restos encontrados fuera no eran más que errores o castigos. Así, la Ciudad nuevamente se convirtió en un gran mausoleo. Como todo era una guerra de interpretación, Roberto decidió volver a la Ciudad buscando referencias al Pozo, pruebas que apoyaran su idea. De eso ya hace varios años. Nadie lo volvió a ver.
La posición oficial nunca cambió. Pienso que se queda corta. Yo no creo que la Iluminación se alcance simplemente muriendo. Creo que este es un Universo de sufrimiento. Si hay que luchar para alcanzar algo pero la meta está garantizada, ¿para qué luchar entonces? No, la relación entre muerte e Iluminación no es esa. El Pueblo de Ixat lo sabía. Roberto lo sabía. Esa es la razón detrás de las cámaras mortuorias, de los restos humanos regados aquí y allá dentro del Círculo del Mundo. Si ellos hubieran creído que la Iluminación se alcanza con la muerte entonces todos sus muertos estarían en el Pozo. No es así. Hay muchos cuerpos allí, pero la mayoría está afuera, vagando por los corredores del Mundo, luchando por llegar a la Iluminación.
El Pueblo de Ixat sabía otra cosa que ignoran (o quisieron ignorar) los demás historiadores. Quien alcanza la Iluminación no puede volver al Mundo. Las puertas con resorte que dan al círculo interno de las ruinas lo atestiguan. Ningún Iluminado percibe las cosas como antes y termina aislado del Mundo. Solo le queda un camino. Cuánto se demore en tomarlo depende del Iluminado. Al final, todos observaron el borde del Pozo, se inclinaron y se lanzaron. Ser Iluminado implica terminar en este Universo, implica trascender. Así que el Pozo no es el lugar de descanso sino la puerta de salida. Supongo que todos los Iluminados de Ixat lo entendieron a punta de hambre y desesperación. Roberto también. Fue su último paso de sufrimiento antes de la liberación, antes de sumergirse en la oscuridad del Pozo del Más Allá.