Los límites del dolor y del placer

Piensen en un termómetro. Divídanlo entre 100 positivo y 100 negativo. Marquen el extremo inferior con la experiencia más dolorosa que hayan tenido. Ahora, hagan lo mismo en el superior con la más placentera. Como no vamos a medir temperatura sino sensaciones, cambiemos el nombre por sensómetro.

Armados de este nuevo aparato midan diferentes acontecimientos de su vida y asignen valores. Piensen luego en que pasa cuando experimentan algo más doloroso que menos cien. El nuevo dolor no cabe en la escala así que toca reacomodarla. Lo que antes parecía horrible resulta ser aceptable. Igual con el placer. Día a día cambiamos la escala de nuestro sensómetro particular para acomodar nuestra vida.

Yo creo que cada uno tiene una escala fija. Lo que cambia es la interpretación de dicha escala. Muchos malentendidos se dan por eso. Mi dolor y el de ustedes es el mismo. Lo que olvidamos (o elegimos olvidar) es que no equivale a las mismas experiencias. Cuando lloro o río lo hago porque mi ser está triste o feliz. Sus lágrimas y las mías son iguales. Mi vida y la de ustedes, no.

Un ejemplo. Los adultos tenemos problemas entendiendo a los niños. Algunos los tratan como seres que no saben nada, que no entienden nada y que deben ser guiados y alimentados con conceptos de la vida adulta. Otros los tratan como pequeños adultos que tienen la capacidad de entender todo lo que les ofrecemos. Extremos problemáticos que pierden el hecho de que ser niño implica una vida de niño, con dolores y placeres de niño.

Cuando un bebé llora porque tiene hambre está expresando algo cercano a su dolor máximo. Lo que siente en ese momento es lo que algún adulto puede sentir cuando pierde a alguien querido. El adulto no llorará por hambre (a menos que las circunstancias de su vida lo lleven hasta allá), y generalmente no entenderá que las lágrimas que derrama un niño por un juguete son tan dolorosas como las del adulto por un padre muerto.

La barrera de comprensión también se da entre adultos. No todos hemos tenido experiencias tan hermosas o tan terribles como los demás. El hecho de que alguien no haya vivido tanto como nosotros, no significa que no haya sufrido (o haya disfrutado) tanto como nosotros. Dentro de su escala, dentro de su mundo, el dolor y el placer son los mismos.

Entender a los demás siempre ha sido una empresa tan compleja como entender nuestro propio ser. La próxima vez que alguien sufra por algo aparentemente tonto, piensen que esa persona tiene una historia diferente. Tal vez en mi escala la causa de su sufrimiento no llegue a menos cien, pero su dolor si lo hace. Recordar esto es tender un puente. Y hablando de seres humanos, los puentes son vitales.

  • Estoy de acuerdo con que definir la escala es complejo pero me parece más complejo lograr calibrar las diferentes escalas teniendo en cuenta el abismo comunicacional —insalvable en la teoría e ilusoriamente franqueable en la práctica— que se abre entre todos.

    Me gusta la lista y me hizo pensar en otra cosa: las escalas propias también son mutables. De pronto la cosa esa llamada madurez implica encontrar una mejor escala (cómo carajos saberlo) y saber calibrarla con las demás.
  • La teoría del sensómetro es valida - Lo complejo es definir la escala -

    -Está la escala del llorón que hace escándolo por nada.
    -Está la escala del Guebon (o guevon) que por guebon no disfruta nada y al que la tristeza le llega por guebon

    -Está la escala del medio - a los que medio nos duele todo y a los que medio nos gusta todo

    - Y esta la escala de aquellos a los que les toca duro. Grandes tristezas y felicidades pequeñas, que se ven grandes desde la desesperanza.
  • ok.
    voy a comprarme un artilugio que han inventado para bebes,
    para poder entender a la gente, sobre todo a la más cercana( que facil es entenderse con una mujer en un nigth-club, y que dificil hacerlo con alguien con el/la que has pasado mas de 15.000 horas)
  • Cada ser humano es un mundo, es la diversidad humana.
    Un abrazo afectuoso!
  • Andrés David: Partes esenciales del amar son comprender y acompañar.
    Tu teoría del sensómetro la encuentro sabia, porque es verdad
    que podemos comprender que alguien está sufriendo o gozando, pero calibrar en que grado está padeciendo su dolor o disfrutando su alegría, no lo sabemos. Sólo nos queda acompañar, estar ahí.
  • En es estoy de acuerdo Stirer... entre el dolor y el placer no hay límites. Yo pienso que es un gradiente suave donde no se sabe cuánto hay de dolor y cuánto de placer, pero que como todo gradiente tiene extremos. A esos extremos es a los que me refiero en el escrito como límites.
  • Entre el dolor y el placer no hay limites,nino!!!
  • Anónimo o anónima, que bueno haber estado ahí, haber entregado algo sin esperar. Mejora mi confianza en la humanidad que llevo dentro, en la que llevo fuera. Espero que estés bien.
  • Anonymous
    Buenas noches David.
    Resulta que te conozco.
    Que vida ésta...
    Y resulta que tú, solamente tú, estuviste a mi lado en uno de esos momentos de máximo dolor.
    Pero ya pasó.
    Y sin embargo, la muesca de tu comprensión quedó.
    GRACIAS David.
  • Anonymous
    Andres, creo que los puentes siemmpre estan tendidos esta en cada uno cruzarlos o no. Bellas letras las tuyas. RAP
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