De ellos se dice que están destinados a cosas grandes, que tal destino se les impone externamente y que su grandeza está en aceptar el reto aunque no se sientan dignos o capaces. También se dice que solo hay uno y que el resto son variaciones sobre el mismo tema. Podría decirse (y se ha dicho) lo mismo de los hombres en general. Somos variaciones del mismo tema.
Vuelvo al héroe. Entiendo que haya grandeza en aceptar el reto, pero no creo que en ella radique su condición de héroe. Pienso que él, antes de ser famoso y leyenda, es un luchador. Desde el mismo momento de su concepción, el futuro héroe lucha contra todo obstáculo y se empecina en crecer. Durante su vida mundana previa a su aventura, el héroe es ejemplo de lucha y obstinación. A veces de locura.
Porque es de locos no pensar en las consecuencias de nuestros actos. Dejarnos llevar por la intuición es una locura, si lo analizamos con algo de sentido común. ¿Quién, en su sano juicio, abandonaría una vida cómoda por lanzarse hacia lo desconocido? Nadie. Solamente un loco.
Pero el loco no triunfaría porque ser loco no es suficiente. También hay que ser un luchador que se le mida a todo, que sepa cuándo avanzar, cuándo retroceder, cuándo esperar. Un luchador cuerdo puede triunfar, es cierto, pero solamente un luchador loco se convierte en héroe cuando llega su momento. Puede hacerlo porque para ser héroe y tener la grandeza de aceptar el reto, debe seguir su intuición, dejar la comodidad y, más que partir hacia lo desconocido, debe vivir con lo desconocido.
Cada momento del héroe es nuevo y peligroso. Cada instante de su vida es sagrado. Cada segundo es una lucha que empieza y termina con su triunfo. Cada vez que se mueve, crece. Cada vez que crece, se libera.
Anoche aprendí esto sobre mi mismo: que he visto las cosas al revés. He sido inseguro y la raíz de ello está en lo que pensaba de mi concepción. Pensaba que no ser esperado era no ser deseado. Craso error. El hecho de estar vivo y escribiendo esto significa que me equivoqué. Tuve mi primera batalla antes de ver la luz. Antes de ver la luz, la gané.
En mi inseguridad me he preguntado muchas veces por qué no estoy mal. Claro, juega la suerte y juega la gente que me rodea. Sin embargo, la decisión siempre ha sido mía. Entonces, en ese instante de revelación que tuve anoche, lo supe. Porque soy un luchador, porque lo he sido desde el principio. Para colmo, también soy un loco. Respecto a lo importante, rara vez pienso en las consecuencias. Prefiero seguir mi intuición. Hasta ahora, no me ha ido mal.
Me enfrento ahora a un nuevo reto. Dejar esa imagen errónea y crear una acorde con mi esencia. Siento que un gran futuro depende de eso. En este momento no soy un héroe, pero sé que tengo lo que se necesita. Dentro unos años y muchos escritos después, les contaré que pasó con esta nueva aventura.