Fíjate bien

Hoy vengo con ánimo de propaganda.

Muchos reconocerán en el título un homenaje poco sutil a Juanes. Algunos podrán suponer que estuve en el concierto; esa suposición será correcta. Como dije, hoy vengo con ánimo de propaganda. Es decir, de propagar mi opinión. Respecto al concierto debo decir que estuvo espectacular. Desde el principio, cuando Julio Nava subió al escenario—después de haber aparecido dentro del público de la arena—hasta que Juanes cantó “A Dios Le Pido”, pasando por “La Noche” cantada por ambos. Fue una buena oportunidad para Julio y auguro buenas cosas en su futuro. Sobre Juanes hay que decir que es un patriota de tiempo completo. Eso no me sorprende, se le nota en la música. La sorpresa grande de esa noche me llegó de mano del público.

Primero, con la plaza llena, fui testigo de la paz. No se cuantos miles de personas le caben a la plaza. No me interesa. Me importa otra cosa, me importa la transformación de la gente cuando dos pelotas de playa aparecieron de la nada. Fuimos felices. Todos. Unos porque jugaban con ellas, otros porque disfrutábamos las payasadas de los primeros. Como me dijo un amigo en ese momento: “¿quieren paz? Metan a Colombia en una plaza, suelten dos pelotas de esas y verán.”

Segundo, con la plaza llena, fui testigo de la patria. Todavía sigue sin interesarme cuantas personas entraron. Me importa otra cosa, la que sucedió cuando entre la presentación de Julio y la de Juanes subieron algunos militares para la campaña “Gracias Soldado”. Yo no soy amigo de la autoridad por la autoridad. Incluso pensé por un momento que el acto era un intento más de propaganda derechista. Después reflexioné un poco, y entendí algo diferente. Pudo haber sido eso, pero también era la oportunidad de dar las gracias. Los malos elementos, los que dan mal nombre a una institución, son pocos. En el caso del Ejército, la mayoría son personas que arriesgan sus vidas por nuestra tranquilidad. El piso se me movió—aunque nadie brincaba en la plaza—cuando algo empujó a todos los presentes a cantar el Himno Nacional. Fue increíble. Incluso ahora, escribiendo y recordando, siento como corre electricidad por mi espalda. Ese día, mis ojos vieron borroso.

Tercero, con la plaza llena, fui testigo de la mesura. Muchas, fueron muchas las personas que entraron. También fueron muchas las que consumimos alcohol. Aguardiente, ron, cerveza. Las botellas subían y bajaban por la gradería. Los ánimos subían al ritmo de la música, ayudados por el licor. ¿Cuántos problemas hubo por esto? Desde mi punto ventajoso en la gradería, me atrevo a decir que ninguno. Se bebió, pero se bebió con mesura, con inteligencia. Espero que sea una tendencia nueva en la ciudad. No me gustaría ver en las noticias de diciembre que muchos niños se quemaron porque sus padres estaban ebrios mientras ellos jugaban con pólvora. Nuestro alcalde dice que los padres son responsables, y que cierto tipo de pólvora es inofensiva. Es su juicio, pero me parece corto. No creo que la pólvora sea un cuento que deban manejar personas sin experiencia. Ojalá la mesura empiece a hacer estragos en las locuras habituales de la gente.

Finalmente, con la plaza llena, fui testigo de la magia. Dos personas se robaron la noche. Muchos dejamos que lo hicieran. Julio Nava es un caleño con una voz impresionante. La energía que proyectó hizo que conectara con el público de tal forma que, en mi opinión, le ganó a Juanes en ese sentido. Lo más probable es que como público caleño lo tengamos más cerca del corazón. En todo caso, al viejo Julio le sobran ganas, le sobra futuro, le sobra sensualidad. Para todos y todas, un consejo: cuando puedan, vayan a ver uno de sus conciertos. En fin, ahora paso a Juanes. El juego de luces que usó es excelente. El sonido muy bueno. Se nota el trabajo de años, se nota el salto al mundo. Juanes habló de los amigos, de la familia, del amor, de la tierra, de la música guasca, de los buses intermunicipales, de cerveza, de recuerdos. Hablando de recuerdos, creo que Juanes cerró el concierto de la mejor manera posible. Recordó como escribió una canción hace diez años, en un bus que recorría el trayecto entre Medellín y Cali. En esa época venía con Ekhymosis. Algunos estaban el viernes con él. Juanes, con sus viejos compañeros, se despidió de nosotros con “Solo”. Locura total.

Dos personas se robaron “La Noche”. En realidad, Joe Arroyo se la prestó a Juanes quien la compartió con Julio Nava. Era una noche colombiana, de colombianos, para colombianos. Sigo con ánimo de propaganda, que también es decir que estoy con ánimo de propagar doctrina. La doctrina de la patria, del dolor de patria, de la lucha por la patria, del amor por la patria. Ahora pueden tratar de insultarme con el viejo y conocido “mucho patriota”; pueden hacerlo, y les diré una palabra: cierto.

Hoy, hoy vengo con ánimo de patria.