Mea culpa

Fanáticos. Los hay de todos los tipos. Además, cada de uno de nosotros tiene uno dentro, pero normalmente podemos tenerlo bajo control. Así que fanáticos de tiempo completo no somos. Nos enfrentamos a un problema cuando el pequeño fanático crece y nos controla. Perdemos nuestra ecuanimidad, nuestra cordura, nuestra justicia. Seguimos siendo inteligentes, pero ya no usamos esa inteligencia para ser críticos sino para forzar nuestra verdad en los demás. Porque lo más terrible de un fanático es eso: su afán por demostrar a toda costa que su verdad es la Verdad.

Ayer descubrí algo sobre mí que no me gusto. Poco a poco, he permitido que el sano escepticismo apoyado por el pensamiento científico se transforme lentamente en fanatismo por la exactitud. Gran falacia, la exactitud no existe. Si usara las herramientas de las que tanto hablo, me daría cuenta que la exactitud como yo la quiero, y por la que lucho, no existe. A lo máximo que puedo aspirar es a encontrar un lenguaje común que me permita compartir una visión del mundo con otras personas. El mismo lenguaje que haga posible una experiencia compartida del mundo. En realidad, no tengo que encontrarlo, ya lo conozco. Solamente tengo que volver a usar ese lenguaje.

Mi transformación no es completa, pero he reconocido síntomas graves. En mi afán por promover el pensamiento crítico, a veces me encuentro criticando opiniones que parecen creencias, creencias que son creencias. Los ataques a las primeras sufren del síndrome de la ceguera: no veo la cadena lógica que lleva a la persona a tener esa opinión, entonces las veo como creencias. Los ataques del segundo tipo tienen menos fundamento: son creencias, no se supone que tengan bases lógicas. De esta forma, he empezado a atacar sin sentido.

¿Qué puedo hacer? El camino es claro, tengo que volver a mis raíces científicas. Las respuestas (siempre incompletas) de la ciencia comparten una cosa con aquellas (presumidas de completas) que dan los fanatismos. Ambos tipos pretenden entregarnos una visión del mundo sobre la cual trabajar y comunicarnos. Hasta ahí me atrevo a comparar ciencia y fanatismo. Cada visión es válida dentro de su contexto, cada visión es importante para una persona o grupo. Lo importante es que cada visión es una forma de ver el mundo. No la única. Aquí radica la primera diferencia entre ciencia y fanatismo. La ciencia, en su forma pura, no pretende imponer la visión del mundo que surge de ella. Sencillamente, es una herramienta que, en últimas, nos permite transformar el mundo.

La segunda diferencia está oculta en la naturaleza de las visiones. La visión del fanático es una visión basada en creencias que no son comprobables, se refiere a causas y efectos que no pueden ser comprobados, a eventos que no pueden ser reproducidos. No todo el que tiene una visión del mundo basada en creencias es un fanático, eso es claro. Es más, la mayoría son personas respetuosas de otras visiones mientras la suya sea respetada. Incluso, algunas nos demuestran que una visión basada en creencias puede ser compatible con una visión basada en hechos. Los ejemplos claros son científicos que practican una religión, o personas normales y religiosas que entienden y aceptan la ciencia como lo que es: una herramienta.

Uno no pelea con su martillo porque no cree en lo mismo. La idea es absurda, un martillo por su condición, no puede creer en algo. Igual la ciencia. Es una herramienta, y como tal, incapaz de creencias. Tampoco hace juicios. Uno nunca oirá a su martillo decir que no le parece apropiada la forma en que uno se viste. Los ataques que recibe la ciencia como disciplina están mal dirigidos por dos sencillas razones: primera, la ciencia no ataca creencias, ese no es su trabajo; segunda, los juicios provienen de los científicos, seres humanos que también tienen creencias, y en algunos casos son fanáticos, no de la ciencia como tal.

Así completamos el círculo. Los científicos y los escépticos pueden convertirse en fanáticos. Muchos lo hacen. Olvidan que el propósito de la ciencia no es dar verdades absolutas, sino modelos del mundo que nos permitan actuar en él. Cuando se convierten en fanáticos, dejan de ser científicos o escépticos. Terminan por parecerse a todos esos fanáticos que usan argumentos supuestamente lógicos para defender sus creencias. Lo único que hacen es minar la importancia de la ciencia, dando argumentos para que ésta sea atacada como algo diferente a una herramienta, permitiendo que se convierta en algo lejano, permitiendo que la ignorancia de la gente aumente. La ciencia es una herramienta que además de permitirnos cambiar el mundo, puede usarse para fomentar el pensamiento crítico, para que las personas no sean engañadas por otras que quieren aprovecharse. No es la única herramienta para esto, pero es una de las más poderosas.

Fanáticos. Los hay de todos tipos. Religiosos, científicos, musicales, filosóficos. Todos luchan por imponer una sola visión del mundo. Es una lástima, porque todas las visiones del mundo tienen algo que decir, y apostaría a que todas tienen un toque de esa Verdad que todos buscan. Es ignorancia rechazar alguna porque no nos gusta. Es ignorancia porque el mundo es dinámico. Nunca es igual. Además, es más extraño de lo que parece. Nada mejor que tener a mano múltiples formas de entender la realidad. Sinceramente, uno nunca sabe donde pueda estar esa perla que pague nuestro futuro.