El orden natural de las cosas es que polos opuestos se atraen y polos iguales se repelen. En eso están de acuerdo Julio César Turbay, Álvaro Valencia Tovar, Yolanda Pulecio y otros. Yo también lo estoy, solamente si hablamos del magnetismo. Si hablamos del aviso de página completa en El Espectador, en el cual las personas mencionadas arriba expusieron nueve razones por las cuales el orden natural debe ser respetado más allá del ámbito magnético, entonces me declaro en desacuerdo. Sigue una serie de razones por las cuales esas personalidades eminentes y yo no estamos de acuerdo. Al final, la manzana de la discordia.
Empecemos por algo simple. La naturaleza de las interacciones magnéticas está a pocos pasos del sustrato básico de la realidad, tal como la comprendemos desde el punto de vista científico en estos tiempos. La naturaleza de las interacciones personales está muy por encima de dicho sustrato, pasando por capas biológicas, sociales y psicológicas. El nivel de complejidad es mucho mayor. Simplemente, el número de variables impide realizar predicciones con las herramientas matemáticas actuales. Es posible que en las interacciones personales, los opuestos se atraigan y los iguales se repelan. Es igual de posible lo contrario. Esta es la razón por la cual no podemos extrapolar el orden natural en el magnetismo hacia las relaciones personales.
La segunda razón empieza biológicamente. La reproducción sexual. Macho y hembra. El propósito de ambos es perpetuar la especie mediante la mezcla de características genéticas. Así como hay dos sexos podría haber tres. Las presiones de la evolución en nuestro planeta han garantizado por millones de años que dos sea el número preferido. Hasta aquí, todo bien, todo bien. Llegan los seres humanos. Se dicen inteligentes. Se elevan por encima de su naturaleza animal, pero la envuelven y la llevan a otro nivel. Somos animales y más que animales. Somos seres humanos. Por años, nos dicen que somos hijos de Dios, que somos todos iguales, que todos tenemos derecho. Por años, nos niegan el placer, nos niegan la verdad, nos niegan nuestra herencia biológica. Sentimos placer, y tenemos la inteligencia para llevar ese placer más allá de la función reproductiva. Sentimos amor, y es bastante claro que el mayor componente de ese amor es el placer. Sensual, intelectual, emocional, todos los tipos de placer. Somos seres humanos, no estamos obligados a sentir amor como si fuéramos imanes. Somos más que eso.
La tercera razón es social. La institución familiar clásica (padre, madre e hijos) es una institución que en términos generales funciona bien. Como todas las cosas, tiene sus extremos, buenos y malos. Como todas las cosas, una misma familia puede pasar de un extremo a otro. ¿Para qué sirve una familia? Ese es el punto importante, la función de una institución como la familia. Sus bases son biológicas: procrear, proveer un ambiente seguro para las crías, facilitar la obtención y distribución de alimentos, etc. Desde este punto de vista, ¿una familia debe tener la estructura clásica? No lo creo. Polos opuestos pueden crear un ambiente perfecto, polos iguales no. Lo contrario también es cierto, creo que todos hemos visto casos en los cuales polos iguales generan familias modelo.
Tampoco tenemos un límite en el número de padres. Una familia puede tener dos padres y tres madres, encargados de siete hijos. Una familia de este tipo puede funcionar como una empresa desde el punto de vista legal. Las tribus de regiones remotas pueden ser un ejemplo de familias extendidas. Es un modelo que la vida occidental moderna está recuperando sin querer gracias a las separaciones, divorcios y segundos matrimonios. Con tantas fusiones, la figura de familia extendida está ganando terreno, poco a poco, frente a la familia clásica. Lo hace a escondidas, sin querer, sin apoyo legal, usando como herramienta la manzana de la discordia. La institución del matrimonio. Esta es una definición tomada del Diccionario General de la Lengua Española Vox, en su versión en línea: www.diccionarios.com.
matrimonio (l. -iu)
1 m. En el catolicismo y otras confesiones cristianas, sacramento que une indisolublemente a un hombre y una mujer, y les da la gracia de convivir santamente y de educar cristianamente a sus hijos: ~ canónico, el celebrado de acuerdo a los cánones y normas de la Iglesia católica.
2 Contrato bilateral por el cual se unen un hombre y una mujer libres, con arreglo a derecho: ~ civil, el celebrado ante la autoridad civil, sin intervención del párroco; ~ clandestino o a yuras, el que se celebraba sin presencia del párroco y testigos; ~ de conciencia, el que por motivos graves se celebra y tiene secreto con autorización del ordinario; ~ in extremis, el celebrado cuando uno de los contrayentes está en peligro de muerte; ~ morganático o de la mano izquierda, el contraído entre un príncipe y una mujer de linaje inferior, o viceversa, en el cual cada cónyuge conserva su condición anterior; ~ mixto, el celebrado entre personas de diferente religión; ~ rato, el contraído legítima y solemnemente, y que no ha llegado a consumarse.
3 Marido y mujer: en esta casa vive un ~.
Vemos como, para la lengua española, el matrimonio es principalmente cristiano. Segundo, entre hombre y mujer. Desde este punto de vista, llamar matrimonio a las uniones entre homosexuales podría ser visto como un ataque a la lengua, como un error gramatical. Este es un caso en el que yo, con toda mi neurosis frente a la ortografía, le doy la bienvenida al error, simplemente porque es una oportunidad para revisar conceptos y ampliar criterios. Cambiemos la definición de matrimonio. Cambiemos la definición de familia.
Los opositores a la iniciativa que protege las uniones gay—matrimonios reales entre seres humanos reales—que está cursando en el Senado, argumentan que el proyecto va en contra de la familia, la cultura, la educación, la naturaleza, y que atenta contra la salud. Estoy de acuerdo en que va en contra de la familia, la familia clásica. También va en contra de la cultura, la cultura de decimonónica de Turbay y el general Tovar. De la educación ni hablemos, porque para ellos la educación consiste en que la letra con sangre entra. Sobre la naturaleza ya hablé.
El argumento de la salud es el más risible de todos. Las uniones gay atentan contra ella porque facilitan la propagación del sida. Esto demuestra una gran ignorancia. Desde el punto de vista sexual, el sida se propaga por malos hábitos. No por homosexualidad. En una familia clásica, de las buenas, sus miembros no harán cosas que atenten contra la salud de sus miembros. En una familia extendida, de las buenas, tampoco. Porque la base de ambos tipos de familia es el bienestar común. Me parece que es más peligrosa una familia clásica que fomente el consumo de alcohol en sus miembros más jóvenes, que una familia nueva que fomente el pensamiento crítico y enseñe guías de comportamiento sano. Lo triste es que en las familias clásicas es muy común el comportamiento descrito. Lo peor, que se hace inocentemente.
A pesar de todo, las personalidades eminentes del anuncio en el periódico achacan los males a los nuevos tipos de familia. Lo hacen solamente porque están por fuera de su estrecho marco mental. Parece que para ellos, sólo tienen derecho a hacer familia los heterosexuales católicos. Además, que el propósito es tener más hijos, más mano de obra barata, más carne de cañón, no seres humanos. Se olvidan que por encima de otras consideraciones, las personas se unen porque quieren, porque se gustan, porque hay atracción. Es que, después de tantas vueltas, el orden natural de las interacciones personales si tiene que ver con la atracción.