Un posible futuro del balompié nacional

Muchas veces había sentido la pierna entumecida en el lugar donde solamente quedaba un muñón. Los médicos le decían que eso pasaba, que era su mente adaptándose a la ausencia. Incluso tenían un término médico: miembro fantasma. Desde que la mina lo había alcanzado, José era un registro más en la larga lista de víctimas. Desde ese día, José también era famoso.

Su fama se debía a una simple coincidencia. La casa de José quedaba en el camino de un grupo de turistas extranjeros que no tenían muy claros los peligros de andar por los campos colombianos. Llegaron pidiendo orientación y José amablemente se ofreció a acompañarlos hasta la carretera más cercana para que pudieran salir. Justo cuando terminaban el tercer kilómetro, José pisó una mina. Los turistas sufrieron heridas leves, simples rasguños. José perdió la pierna derecha. Afortunadamente, la carretera estaba a unos pocos metros y José pudo recibir atención médica. Como el incidente involucraba extranjeros, los medios se afanaron por cubrirlo y José pronto se encontró en la televisión. Esa, sin embargo, no fue la razón de su fama.

Uno de los turistas era médico con conexiones en los departamentos de investigación del MIT. Allí existía un proyecto que llevaba varios años estancado porque desde los días de George W. Bush, el gobierno no permitía ciertos tipos de investigaciones que iban en contra del mandato divino. La prohibición empezó frenando el trabajo sobre células germinales embrionarias y terminó incluyendo el desarrollo de interfaces biomotoras. Este es un sistema que se conecta al cerebro por medio de electrodos finos y permite el control de extremidades artificiales. El médico vio una oportunidad en José. Colombia no tenía ese tipo de restricciones y definitivamente tenía la necesidad urgente de ayudar a sus víctimas. José aceptó la oferta y un equipo del MIT se trasladó a Bogotá para empezar las pruebas.

Varios meses después, José era capaz de mover una pierna artificial con solo pensar en ello. Faltaba mejorar muchas cosas, obviamente, pero el primer paso había sido completado. José—la cabeza rapada, dos pequeñas placas metálicas pegadas a su cráneo, la pierna artificial con recubrimiento plástico—apareció en un especial de dos horas en la televisión. Los científicos explicaban los procedimientos mientras José sorprendía a todos caminando, saltando y bailando. No muy bien, por cierto, pero eso no era problema de la pierna, era la falta de ritmo de José. Al final, el gobierno colombiano decidió apoyar la investigación. José fue famoso.

Los trabajos continuaron y varias víctimas han sido ayudadas por medio de este sistema. Los desarrollos posteriores permitieron el refinamiento de la técnica y pronto se evitó la necesidad de tener la cabeza rapada. También se disminuyó el tamaño de las placas de electrodos y se mejoró la apariencia de los miembros artificiales. Porque no eran solamente piernas, también había brazos, manos y dedos.

A pesar de su fama, José volvió a su casa y a su campo. Justo a tiempo, hay que decir, porque esa fama no le duró mucho después que la Selección Colombia incorporará varios jugadores con piernas artificiales. Fue el primer Mundial que ganamos. Tal vez sea el último ahora que la FIFA decidió negar la posibilidad de jugar a personas aumentadas (el término que usaron). En fin, así como no hay mal que dure cien años, tampoco hay bien que lo haga. Chao.


Eso de la interfaz biomotora es cierto. La noticia en Scientific American.

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