Un amigo me preguntó hace unos días sobre Física. Le inquietaba pensar que la velocidad de la luz no fuera constante. Es una persona inteligente e instruida y el posible descubrimiento de una velocidad de la luz no constante obviamente lo cuestionaba. Como yo no había prestado atención en su momento a la noticia (debo confesar que tiendo a subvalorar las noticias científicas que me llegan a través de los medios masivos), indagué y descubrí algunas cosas interesantes respecto a las mediciones y descubrimientos sobre la no constancia de la velocidad de la luz.
En primer lugar, dichas mediciones y descubrimientos no hacen referencia a la velocidad de la luz como tal, sino a un ente matemático conocido como la constante de estructura fina. De forma sencilla, este valor hace referencia a la granularidad fina del Universo, la diferencia mínima entre niveles de energía en las órbitas de los electrones alrededor de los núcleos atómicos y afecta directamente la fuerza de las interacciones entre partículas elementales. La definición de este valor es una fórmula que involucra tres de las (hasta ahora) constantes básicas de la Física: la velocidad de la luz, la carga del electrón y la constante de Planck. Volviendo a las mediciones de las que hablaba antes, decir que la constante de estructura fina ha cambiado no es decir que la velocidad de la luz ha cambiado. Es decir que posiblemente alguna de las tres constantes (o todas) ha cambiado a lo largo de la historia del Universo.
¿Qué significa esto? Simplemente que las leyes del Universo han cambiado a lo largo del tiempo. Tal vez no radicalmente, pero lo han hecho. Un cambio de la velocidad de la luz (a primera vista) no es realmente importante puesto sigue siendo el límite superior de velocidad, sigue siendo la tasa de cambio entre masa y energía. La Relatividad está salvada. El punto realmente importante es que la constante de estructura fina cambia, lo que implica un cambio en la interacción entre partículas elementales, en la fuerza que mantiene unidos o separados los átomos.
El camino a seguir es confuso. Hay que verificar las mediciones. Después habrá que descubrir si el cambio es constante (es decir, la constante cambia a un ritmo fijo a través del tiempo), si dicho cambio depende de otras circunstancias tales como el tamaño del Universo, si es posible producir dichos cambios a nuestro antojo. A partir de ahí las preguntas, como siempre, aumentarán.
¿Cómo nos afecta a nosotros que pagamos impuestos? En el curso de nuestras vidas no veremos (creo y espero) un cambio brusco en las leyes del Universo, así que por ese lado no hay efecto. Pensar en las generaciones venideras en la escala de tiempo necesaria para sentir los cambios (miles de millones de años) es un ejercicio que para la mayoría es inútil. Entonces, ¿cuál es valor de saber todo esto?
Para los que consideran, a pesar de la evidencia cotidiana, que no hay salida y que nada pasa y que todo es lo mismo, les pongo todo lo anterior como prueba de lo contrario. Si el Universo cambia en su esencia, nosotros también. Si el Universo puede cambiar su esencia, nosotros también. Animo.